Mi inherente vocación cosmopolita me llevó hace unos días a comerme kilo y cuarto de helado alemán mientras veía un resumen del Tubridy Tonight (a kind of Xavier Sardí a la irlandesa) En esta ocasión se habían atrevido a invitar a esa parodia de modeli pluscuamanoréxica que es Erin O’connor. Tamaño error de los laboratorios de ingeniería pasarelística de Stella McCartney me hizo replantearme el mundo tal y como lo concebía. ¿Por qué esta pánfila es una top entre las tops? A las pruebas me remito para defender mi «no- entender».
En esta fotuela me parece la perfecta fusión entre un tiburón blanco y otra de las modeluchis que campan a sus anchas con su mandíbula de orco y sonrisa gingival: Jjjjjjaidy «Caballuna» Míchel. Además, ¿no había quedado claro que el yonki-chic es una tendencia más que absurda?
¿No dan ganas de ponerle una bolsa de papel en la cabeza, como al hombre-elefante?
Esa mirada mortecina, esa palidez que demuestra que jamás se ha comido entero un canapé de mortadela… y una vez más ese maxilar inferior que hasta tiene un lado más abultado que otro. Yo de ti me lo miraría, Erincilla…
Claro, no hay más que ver de quien se rodea para comprender aquello de «Dios los cría…» Erin y Vivienne «Roisin Murphy anciana y derretida» Westwood; la única que la mira directamente a los ojos y no vomita el primer fish and chips.
«He visto mi futuro y estoy que trino…»
No sé cuando me dan más ganas de estrangularla da más pena, con cara de pachanguera (más propia de una campaña de Tous que de Naranjito Valentino) o con la pinta de retarded y tocado de Ajjcott…
«Mi mama me ha dejado pintarme los labios yo sola y me ha dicho que sonría para que no se me caiga la telaraña de la cabeza y no se fijen en mi nariz de buitre leonado»
Cuando sale a la calle no mejora, superponiendo como una modelo postwhatever (gabardina de Colombo, gomina barata, camiseta marinera y… ¡dos bolsos!)
El disfraz de burbuja Freixenet no funciona, chata, presentar un premio con un rapero totally ridiculous al lado no funciona, no tener tetas no funciona y, definitivamente, parecerse a Antonia Dell’atte… ¡no funciona!
«Ma che cosa!!»
Me voy al Prado, a ver si me indigesto de belleza clásica.









