Queridos, he de confesar que Richard Dean Anderson era uno de los iconos de posters de mi infancia, igualitica que las hermanas de Marge Simpson. Los ochenta fueron una época de gloria y esplendor de las mullets, ese horror estético que intenta combinar las excelencias del corto y del largo pero que acaba convirtiendo a cualquiera en un miembro de Los Chichos. Salvo que seas McGyver, claro.

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Los peinados que bordean el territorio mullet me fascinan.

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Claro que a lo mejor tiene que ver el hecho de que sea Sean Bean el que los lleve.

However, hay algo que me preocupa. Todo empezó cuando, hace unos dí­as, o sea, debo recalcar que esto ha ocurrido en pleno siglo XXI y no en una peli de época, Sylvester Stallone decidió traer de vuelta la auténtica mullet. Con dos cojones.

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Si  hasta nos distrae de su cara superbusted. ¿Cómo vamos a dejar de querer a Sly?

Además, incluso former hotnesses se están empezando a atrever con las mullets. Si no, echad un vistazo a la foto de Ethan Hawke. Estamos de acuerdo con que el pelo no es el único horror de la foto, pero como dirí­an los de Aussie Miracle Maker, es un buen sitio para comenzar (luego lo mandamos al dermatólogo, al naturópata y al gym, eso sí­).

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Queridos, hay algo fascinante en las mullets, son como muy de guerrero espartano, o whatever. También son muy de Rob Lowe clase del 86, o muy de estrella del rodeo americano tipo Billy Ray, o muy de los Chichos. Anyway, cada star deberí­a encontrar su inner mullet y permitirnos descojonarnos un rato a su costa.

Lots of love