Cuando compro la Vanity Fair no puedo evitar sentirme un poco estafado. Es bonita, eso no lo niego, la tipografía, las fotos, las revistas deben entrar por los ojos. Pero luego lees los artículos y te entran ganas de llorar porque son empalagosos hasta decir basta. Encima se permiten el lujo de elegir a los mejor vestidos del 2009. Y yo me descojono vivo. En general han acertado, gente sin estridencias y con buen gusto, pero se les han colado un par de intrusos, y yo pienso desenmascararlos.
La jequesa de Qatar (aka Sheikha Mozah bint Nasser Al-Missned): Que personaje tan singular. Qatar es un país de éstos que están podridos de dinero gracias al petróleo. De hecho, la embaja de Qatar en París se encuentra en la plaza Charles De Gaulle (donde el Arco del Triunfo), en la Acera de los Campos Elíseos (a escasos pasos de Cartier para más señas).

Si bien el estilo de la jequesa más que elegante yo diría que es apabullante.


Penélope Cruz: Bueeeno, Penélope desata pasiones encontradas, o la amas o la odias. A mi me cae fatal. Ella no se elige la ropa, se la elige una estilista (como a la mayoría de las actrices) y encima una vez dijo con un horrible inglés que a ella después de la gala de los í“scar lo que le apetecía era, cito literalmente:
uán chísburguer


Lapo Elkan: ¡No, no y no!. ¡Tu no puedes salir ni en «The Sartorialist»!

Conde Manfredi Della Gherardesca: Todos sabemos que el adamascado plateado es un fondo de armario

Iké Udé: Artista.Doble de luces Laurence Fishburne en sus ratos libres.

Rachel Roy: Diseñadora, no miréis mucho la foto o se os aparecerá en pesadillas

También han incluido a la Duquesa de Alba, pero hasta yo tengo mis límites.