Aunque siempre ha sido conocida en reducidos grupos de adoradores de petardas, fue hace dos años cuando introduje en sociedad a Angelyne, el mayor mito viviente de la costa del Pacífico.
Como ya dije, se rumoreaba que tenía cerca de 60 años. Antes confiaba ciegamente en lo que IMDB nos decía, ya que lo que salía ahí, iba a misa. Pero hasta del IMDB tiene uno que desconfiar. Si la mirábamos de lejos, en ciertas fotos era difícil imaginar que tuviese 60 años, pero la hemos descubierto paseando su notoria vejez bajo el sol californiano:
Jamás ha intentado pasar desapercibida, reconozcamos que no se le da demasiado bien. En España, hace años que nos curamos de espanto cuando se trata de ver a tu ídolo desarreglado, es algo que asumimos cuando empezamos a ver a Rocío Jurado en chándal yendo a la peluquería. Tras esa famosa escena, el resto de personajes se echaron a la calle de cualquier forma, como Cher saliendo sin sus rodajas de pepino, y demás locas similares.
Vamos a acercarnos a Angelyne un poco:
Las tetas a medio metro de su sitio original, el colágeno de la cara desaprramado y al hombro un bolso de terciopelo lleno de mierda, damage! Angelyne ha perdido todo su glamour.
Tanto glamour ha perdido, que se ha dejado llevar por una moda tan vulgar como la de los bolsos de Betty Boop. Eso sí, ha sabido mantenerse fiel a sus principios y no dejar su ropa al azar: ¡un traje estampado de smileys! ¿Hay alguien mejor que ella?
Hasta los policías del condado se apiadarían de una señora desprovista de sus nociones básicas de circulación y se guardarían la libreta y el boli antes de endiñarle una multa por aparcar en la zona de minusválidos a una mujer tan pretty.



