La marca Bonham- Carter

Queridos, a estas alturas ya estaremos todos de acuerdo en que el estilo no puede comprarse, se tiene o no se tiene. Puedes gastarte lo más grande en un Chanel o en un Valentino, pero como mucho conseguirás estar decente. El concepto estilo siempre me ha parecido más interesante que el de elegancia precisamente porque transgrede la norma. Es más original, más intelectual y más transgresor. Menos convencional.

Pero, centrémonos en el tema que nos ocupa. Habiendo nacido en una familia de alta alcurnia, uno puede seguir dos caminos. El primero es convertirse en el paradigma de la elegancia convencional. El segundo es el camino de la excentricidad. O sea, roughly, si eres de la familia real monegasca, puedes ser Carolina o puedes ser Estefanía.

Nuestra invitada de hoy nació en una distinguida familia británica, tal y como lo demuestran su ilustre apellido compuesto y su acento increíblemente posh, pero en lugar de ir a la caza del zorro y de colocarse una pamela en Ascott, decidió hacerse actriz. Conste que como actriz me parece maravillosa… pero no, no es eso lo que queremos saber. Helena Bonham- Carter, imágenes de una outsider.

Helena ya aparecía en las pantallas cuando era poco más que una adolescente. En Lady Jane, Hamlet de Zefirelli (el de Mel Gibson) o Una habitación con vistas, por ejemplo, tenía menos de veinte años y algunos la llamaban ‘belleza de época’. Bueno. Si ustedes se empeñan.

Ahí tenemos unas imágenes de Helena que nos demuestran su tendencia al hirsutismo. Observad el grosor de las cejas y la sombra sobre el labio superior. Lo peor del asunto es que, incluso con un maquillaje de película de Merchant- Ivory, Helena tiene pinta de ser peluda. No sé si me explico.

Cuando Helena tuvo aquel infame affaire con Kenneth que todos nos negamos a recordar, empezó a parecerme más desagradable. Posaba para las revistas poniendo cara de guarra y todo lo demás, en plan no soy una dama del XIX. Aquí los filtros y los cuidados de un buen hairdresser la favorecen bastante.

Pero claro, el colmo vino cuando se convirtió en la protagonista de El Planeta de los Simios aka Jacko, donde uno no se daba muy bien cuenta de dónde empezaba y dónde terminaba el maquillaje. Desde entonces, Helena sale con Tim Burton y ha empezado a desatar su primal fug instinct, que tiene tela. Ved, ved.

La premiere de El Planeta de los Apios (guiño a mi amiga Lui) nos muestra a Helena moderada, dentro de lo que cabe. Con un poco de estilo, su concepto podría haber sido genial, pero se queda en el horror que es. Intentad transmutar ese vestido (me da la impresión de que lo compró en Oxfam por cinco libras, porque además le hace super grannie) por un vestido negro de encaje en condiciones. Ahora imaginad el equivalente elaborado de esa gargantilla que debió de comprar en Primark. Una de esas preciosas gargantillas de azabache con quinientas vueltas, que son muy Nicole Kidman o Vanesa Paradis. Y por supuesto, el pelo. El corte, la diferencia de color en raíces y puntas, la partición, el brushing y el decapado, todo junto, un espanto. Y esa florecilla a un lado del pelo, ¿no os da la impresión de que la ha trincado de un bouquet floral que había en una de las mesas de la gala, en un arrebato etílico cualquiera?

Esta imagen es de otra premiere, y permitidme que os diga que ya quisiera Chloe Sevigny. No sé por dónde empezar. El vestido, de nuevo de Oxfam o de Save the Children, la torera de terciopelo negro (momentazo Dinastía), los zapatos de raso rojo chillón, el… bolso (no sabría siquiera si describirlo así). Y por supuesto, el peinado y el maquillaje. ¿No es como si hubiera liado el pelo alrededor de la cabeza, momento la novia de Frankenstein? Y hasta ha tenido la decencia de pintarse los labios de rojo a juego con los zapatos. El collar de perlas, no nos quepa duda, probablemente saliera de una de esas máquinas de insert coin que hay en los bares de carretera.

A raíz de esta imagen, una reflexión. Estamos tan mediatizados que juzgamos a los famosos en función de cómo aparecen en las pantallas de nuestros ordenadores o televisiones, o en las fotografías de las revistas. Pero os animo a hacer un ejercicio sorprendente: intentad sacar al famoso de la fotografía. Imaginaos que os lo cruzáis así por la calle, en plan individuo de a pie. Y ahora, visualizad a Helena vestida de esta guisa en el aparcamiento más cercano y decidme que no es scary.

En esta imagen tan love me tender, Helena se abraza a Tim Burton y nosotros comentamos de paso su modelo. Ni Barbie Cristal, ¿eh? Fijaos en el peinado, mechas descoloridas y aquella especie de recogido- cardado.

La foto anterior apareció en varios tabloides de las Islas. Sí, el gesto es poco natural, pero lo que me interesa, de nuevo, es la coiffure de Helena. Fijaos en la cinta de terciopelo y en la rosa que lleva adherida a él, que parece robada de cualquier banquete de comunión. Me encanta la combinación entre la torera de paillettes y la falda de flores, de nuevo comprada en Oxfam por dos libras.

Pero Helena también sabe ir discreta. Un sencillo LBD, un pellejo… y ese bolso. God, help us.

En fin, Helena. Gracias por instruirnos con tu estilo entre trash y gótico. La siguiente imagen, que nos sirva de despedida, es de la Mostra de Venecia, donde llevaba estas gafas que ya quisiera Chloe para sí.

See you, Jélena. Y take care.

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