Me voy de… Starbucks

Hace tiempo, en España, el teléfono móvil irrumpió en el escenario de los teatrillos que se montaban famosos y periodistas. El teléfono móvil llegó para quedarse, siendo usado como instrumento de defensa ante el acoso de los papzzi. Cuando llegaban Carmina o Antonio David a Barajas, se armaban con su teléfono simulando estar hablando con alguien, como escudo para escabullirse de las imbéciles preguntas que les lloví­an desde detrás de los capuchones de gomaespuma (micrófonos, coño).

En Estados Unidos, esta práctica no sé si llegó a existir, pero sí­ sé que allí­ son muy calculadores con las apariciones públicas. Allí­, la caza de famosos se practica de otra manera. El deporte tan popular en nuestra tierra consistente en preguntar polleces a Cayetana Martí­nez De Irujo (“¿Qué tal?“, “¿Te has operado las pestañas?“, “¿Los rumores son ciertos o no son ciertos los rumores?“), en Estados Unidos sólo se limita a tomar fotos.

Y ante esa postura, las celebrities hace tiempo se aliaron con la cadena Starbucks, y esta empresa les proporciona, en lugar de un estúpido móvil para hacer el ridí­culo como que estás hablando con alguien-pero-en-realidad-no, un vasuco de cartón-plástico con su bebida favorita y una cinta de papel con la marca reconocible rodeando el vaso:

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Las salidas del gimnasio de Madonna ya no fueron lo mismo desde que Starbucks entró en su rutina. Madge sale del gimnasio y se lleva a su paso un vaso para chuperretear en el camino, empapándose la comisura de los labios con esa deliciosa espuma blanca que delata que has pedido un capuccino.

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El mismo vaso que lleva Pam cuando se va a la playa. ¿Que en la playa no hay Starbucks? Es igual, me llevo el vaso de casa, que me da seguridad y confianza cuando practico el surf.

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Ashley Olsen también recurre al vaso, en esta ocasión más grande que su cabeza, para sentirse protegida por la diosa del logotipo de Starbucks. También podremos comentar el detalle del frí­o relativo de Chicago (o donde coño estén), y es que para Mary-Kate, es tiempo de minifalda y escote, y Ashley usa su extraño concepto de la moda para paliar su frí­o, además de con un café, con su monstruosa manta del Macy’s arrastrando por el suelo.

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Esta es Shirley McLane. Sí­, la bella Fran Kubelik del peliculón de Wilder, casi 50 años después. No hay edad para un Starbucks. Pero, ojo, Shirley está tan emocionada, que ¡puede morir atropellada!:

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¿¡Qué es eso de cruzar la calle chuflándote el café!? Un poco antes, y GON382 podrí­a haber acabado con su vejez, muy bien llevada, por cierto. Es lo más in eso de llevar las tetas hasta el suelo, sin bra y con visera, ¡cómo se enrolla!

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A Paris Hilton también le van los riesgos. Frappé para dos, bolsa con muffins calentitos, bandeja ¡y móvil al hombro! Lo dicho, nuestras celebridades sienten amor por el café. Y quien habla de amor, habla de pasión, que es la que siente Britney Spears por el vanilla-latte:

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Le van de dos en dos, como a Mrs. Mairena. Pero esto no ha hecho más que empezar:

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Britney siente devoción religiosa por el vanilla-latte. De hecho, es ya bastante común verla por Beverly Hills con su vanilla-cup en mano, vestida como una indecente (como en la foto) y sorbiendo con obscenidad. Yummy, yummy, yeah! Vanilla-cup wet my lips! ¡Guarra!

Le entusiasma tanto su frappé de vainilla, que lo ostenta como si fuese un Grammy, hasta en el coche:

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Pero, ¡al loro! Que ha perdido la perspectiva del espacio-tiempo de tal forma, que se olvida de cualquier cosa que no sea su vaso. Fijémonos:

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Aquí­ la tenemos cazada con su frappé en mano, con su madre (¿es su madre? informadnos) plantada de co-piloto poniéndole cara de “Britney Jean Spears, ¡no deberí­as conducir bebiendo y con el chiquillo detrás, hija, un dí­a me vas a dar un disgusto enorme, acuérdate de cuando estabas con Kev…“, que Britney Spears interrumpe con otra cara de “¡¿Te vas a callar, mother, o te planto en mitad de Pico Boulevard, coño ya?!“. Por supuesto, Jayden Spears se mostraba atónito ante la situación.

Como estáis pensando, esto debe tener un antecedente:

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Con la mano en el volante, el frappé en la otra y los chiquillos detrás con caras de horror e ignorantes ante la decidida y temeraria expresión de la cara de su madre, como si estuviese dispuesta a estampar el coche en cualquier farola.

En definitiva, hay que tomarse el café con calma. Te pones cualquier trapito cómodo, unas gafas más grandes que tu cabeza, un bolso dorado de Fendi en el codo, el móvil en la mano, y sales a hacer footing al Starbucks:

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Os lo aconseja Kimmie, que de esto sabe un rato.