Me voy de… viaje

Queridos,

en vista del triunfo de la sección ‘Me voy de…’, vamos a homenajear esta vez a la archi conocida operación salida. O retorno. Operación vacaciones, resumiendo.

Y es que, como todos, nuestras celebridades disfrutan del verano tanto como nosotros. Para calmar a Penélope Cruz, que nos llamó muy disgustada el otro dí­a tras enterarse de que su Bardem está saliendo con Parada (le prestamos a un miembro de nuestro gabinete de psicólogos), queremos obsequiarla a ella y a nuestros lectores con una refrescante instantánea de estas de verano que apetecen ver:

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Maciu Macónegui pasándolo pipa en Malibu. Es la bonita estampa de un fresco verano que tiene comienzo, la mayorí­a de las veces, en los aeropuertos.

Atrás quedan los reportajes de programas de prensa rosa de sobremesa donde salí­a Carmina Ordóñez arrastrando la Roncato por Barajas, con gafas de sol, gritando “estáis a-allanamiento de las seres humanos”, camino de Valencia (Tómbola, claro). Ahora los aeropuertos acogen nombres más destacados en las páginas del corazón. Como hace tiempo que no sabí­amos nada de Jocelyn Wildenstein, vamos a ver cómo lleva su cara por el ancho mundo:

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Como cualquier mortal, por muy podrida de dinero que esté, si no viajas en tu jet privado, debes quitarte el chaqueterí­o y toda la marroquinerí­a que me lleves para pasar por el detector de rifles. Jocelyn se ha decantado por una bolsa de piel blanca vulgar y corriente, pero ¿qué maletas llevan SamRo y LiLo?

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¡Unas putas Louis Vuitton! Que están más quemadas que el cenicero del Challenger. A LiLo le falta el puto monedero de Betty Boop y un bolso de Tous para dar más la nota. Y su novio ha empezado a hacer la transición al sexo opuesto empezando por su vestuario. ¿Hace falta comentar su fatal dress?

Pero volvamos al rollo del detector. Aquí­ no tenemos ni puta idea de quién es Kelis Rogers, ni nos interesa, pero nos vale para refrescar nuestra memoria de un total fug look. Lo comentamos después, si os parece. Ahora vamos a interesarnos por la siguiente situación:  Kelis se ha encontrado debajo de la puerta intergaláctica a una politronchi de aeropuerto con pinta de hindú, las piernas abiertas, corbata, cara de mala hostia y manos en el pecho cubierta de guantes de látex. Una estampa que es mejor ver por uno mismo.

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El soldado aeroportuario parece estar preparado para estirarse los guantes de un tirón e inspeccionar el recto de Kelis en busca de un alijo de farlopa.

Es lo menos que pueden pensar de ti cuando vas de rapera de cuna por sitios tan peligrosos:

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Tan rapera, que produce un aspecto de heinousness. Preferimos ir vestidas de Galliano antes que atrevernos a reinventar la moda. Kelis es una absurda desde ya.

Vamos a dejar los aeropuertos y a buscar soluciones más baratas para desplazarse:

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Kirstie Alley sigue manteniendo su dulce silueta de mesa camilla, pero totalmente, o sea, a esa falda le falta el tapete de ganchillo, una lámpara con flecos, unas gafas de abuela amarillentas y una novela de Danielle Steel, y ya tenemos la estampa completa.

Y las llaves del coche para los que tienen coche, porque si hay algo más barato que el avión y el coche, es el método Courtney Love:

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¡Esta tí­a siempre yendo a la última!

De vuelta a la pobreza

Queridos,

las celebridades no siempre pueden disfrutar de su upper class, es un adjetivo que no dura toda la vida en muchos casos. Y es ahí­ cuando te conviertes en un personaje fug cualquiera.

La primera en la lista es Brigitte Nielsen, que hace tiempo fue abandonada por su belleza y a ello puso remedio oxigenándose el pelo, apretándose el Wonder Bra, pintándose un lunar a lo Cindy Crawford con los Alpino y de la plastic coat ya ni hablamos. ¿Y qué decir del leather bag? Es para cogerla y plantarla en un escaparate del Red Light de Amsterdam.

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Jennifar Lopa, que el otro dí­a nos pedí­a aparecer en nuestras páginas, lo ha conseguido. Lo de su relación con las sudaderas para gordos no es nada nuevo, pero es una excusa para sacarla:

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Barbra Streisand se ha juntado tanto con Donna Karan, que ha perdido la orientación de la estética, no le favorece nada ese blanco ibicenco. Chiste geek: ten cuidado, no tropieces con el VLC, Bab.

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Julianne Moore intenta huir de esto de que te acosen por la calle y tal. Hasta ahí­, entendemos que use la técnica de los harapos para no ser reconocida, pero coño, se lo ha tomado muy a pecho:

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¡Si es que parece que sale de un comedor de Cáritas! Le falta ir con la mano pidiendo. Muy bien conseguido, pero sin gafas, sigues siendo reconocible, Julie.

Lindsay Lohan y Samantha Ronson, que son a la prensa internacional lo que en España fueron Raquel Morillas y Noemí­ Hungrí­a (aunque Samantha más bien serí­a Judd, Raquel aún era algo femenina), han decidido protagonizar su propia pelí­cula de dos lesbianas que se enamoran en un bar de carretera y cruzan la frontera de Arkansas en el Plymouth del 67 que la más macha de las dos le chorizó a su padre para escapar de su intolerante familia.

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Lo que pasa es que esas historias románticas de lesbianas rebeldes de los ochenta ya no nos valen, así­ que lo de estas dos se reduce a un simple par de bolleras con mal gusto y que no importan a nadie.

Visto todo esto, nos quedamos con nuestra Mujer De Verdad, a la que últimamente hemos empezado a adorar, pero ¡alto! Lectores de FNB, no os dejéis engañar por un par de perfectas piernas de ébano, ¡Naomi se está quedando calva!

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Y otra cosa: ¿en qué clase de orgí­a permanente vive esta señora, que siempre va rodeada de 20 tí­os?