Descenso a los infiernos

Queridos, hay algo espeluznante en la evolución de los rasgos faciales de determinados individuos. Siempre he pensado que Angelina Jolie con treinta años más será monstruosa, sobre todo porque Jon Voight, aka su pasaporte genético, podía hacer de cowboy de medianoche hace cuarenta años y miradlo ahora.

Lo que determina la monstruosidad de ciertos rasgos faciales no está muy claro. Probablemente sea la combinación de cirujía, alcohol, drogas y fama, pero creo que hay algo más, un cierto tipo óseo o una condición genética, no sé. Así ciertos individuos pasarían en unos años de relativos iconos sexuales a scary monsters que no te quieres encontrar ni en la parada del autobús.

El ejemplo clásico es Mickey Rourke, que en los ochenta, recordémoslo, era un pin up. No hay más que ver ‘Rumble fish’. Pero ahora, como todos sabemos, Mickey es esto.

No sé si alguien se acuerda de Richard Grieco, que era un Johnny Depp wannabe cualquiera en los ochenta y que aparecía en superpops y demás, pero que ahora se ha convertido en el extra número doscientos del Planeta de los Apios y por consiguiente amigo de Jacko y de Jélena. Postdata: creo que sigue depilándose las cejas mogollón.

El caso de Patrick Swayze me parece particularmente horrible. Patrick was so pretty! Si yo fuera su agente todavía estaría demandando al cirujano plástico. Además, hay algo en su expresión que te hace visualizarlo en un geriátrico, completamente arruinado y sin familia. Iiih.

Pero lo peor de todo es cuando un inepto coge por banda a una auténtica estatua griega , le hace un lifting con subida de cejas, or whatever, y consigue que nos preguntemos por la belleza perdida. Snif. Perdonadme por atentar contra Rupert.

Liberad al mundo de cirujanos plásticos nefastos, for the sake of our blog!