Hot fug: Clive Owen

Es un hecho probado que las casas de belleza están empezando a sudar de modelakos y modelakas para llamar a sus filas a gentecilla como más de a pie (léase actores de Hollywood), eso sí­, después de haber pasado por un buen makeover.

Podrí­amos pensar que los makeovers son algo más o menos reciente, pero recordemos, por ejemplo, que Norma Jean era morena y sin barbilla y Marilyn se convirtió  un sex symbol. O que Margarita Cansino no tení­a frente ni hoyuelos en las mejillas ni cintura, y Rita Hayworth se hizo a base de depilarse la frente y sacarse molares y costillas para crear efectos ópticos.  

Ya hemos analizado el makeover masculino más brutal  de los últimos tiempos  con nuestro artí­culo sobre Patrick Dempsey, el  macizo de Anatomí­a de Grey, pero en nuestra sección Hot  Fug desvelaremos los entresijos de los supuestos cánones de belleza masculinos y sus momentos más fug.

 Pues resulta que Clive Owen es la nueva imagen de Lancí´me. Si abrí­s un glossy magazine cualquiera, ahí­ os encontraréis la sonrisa un pelí­n cí­nica de Clive, blanca y resplandeciente contrastando con un cutis con demasiado fond de teint y un lipgloss un poco rosa. Que, ya puestos, si quieren maquillaje para hombres que lo hagan con clase y eyeliner salvaje, más rollo Alice Cooper que Simon LeBon. Pero como iba diciendo, es hasta  difí­cil reconocer a Clive debajo de tanto maquillaje.

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¿Cómo ha llegado a ocurrir todo esto? Admittedly, Clive ha pasado por un discreto makeover, como cuando vuelves de vacaciones y te dicen ‘qué buena cara traes’. In the beginning, Clive era un tipo anodino que podrí­a acabar convertido en Bill Murray, por ejemplo, pero con el mismo talento interpretativo que un bloque de granito (tal y como se puede apreciar en King Arthur!)

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Bond, James Bond?

 

Y ahora, de repente, aparece en un estreno tal que así­, momento en el que empezamos a plantearnos la posibilidad de follarle con su colección de corbatas mal anudadas colgadas de los pezones.

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 Para empezar, el hair stylist ha hecho un trabajo genial disimulando la lí­nea de pelo   recesiva. Nota para Jude Law: conseguir el teléfono del hair stylist de Clive.   Luego está el tema del bronceado, que, sean polvos de Lancí´me, rayos uva artificiales o vacaciones en Zimbabwe, nos la suda. También apuntarí­amos blanqueado dental y a saber qué otras movidas del tipo retoque de párpados, o whatever.

 Los más avispados podí­an intuir el potencial de Clive en Gosford Park, debajo de su pinta de inmigrante italiano (¡no nos engañemos! él nació en Coventry) y su pelo grasiento.

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“Anda, Clive, dime algo… No pongas otra vez caradenada! Clive? CLIVE!”

En la mayorí­a de sus pelí­culas, Clive no sonrí­e. Como si se esforzara en ser el perfecto héroe de acción. Claro que otro de nuestros hot fugs le robó el papel de héroe de acción por excelencia, Bond, James Bond. Si Daniel Craig poní­a cara de pato homosexual, Clive Owen es el Marqués del Ceño Fruncido. O sea, cómo te van a poner de botox.

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Entonces, Clive no sabí­a que los héroes de acción llevan lentes de contacto, salvo que sean Superman en su versión Clark  Kent  o Harry Potter. Mucho mejor ahora, con la sangrecilla, la barba de cuatro dí­as, el autobronceador y el hair stylist.

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Y, como en el caso de Danny o Pierce, Clive quiere unirse al teorema de que los héroes británicos de acción han de volverse adictos a los trajes hechos a mano para finalmente acabar modelando, no sé, Emidio Tucci. O Hugo Boss.

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 “Lo compré en Bond Street! Pero la camisa es de Primark”

Lots of love